Tanto las afirmaciones como las opiniones pueden (o no) ser efectivas.
Una afirmación es efectiva1 cuando cumple las siguientes características:

  • Verdadera: las palabras utilizadas en la afirmación se ajustan al mundo que se presenta frente a tus sentidos. Parecería obvio, pero nunca está de más resaltarlo: un ambiente productivo es aquel en el que las afirmaciones son verdaderas, no hay lugar para las mentiras ni los ocultamientos.
  • Experimentable: frente a una contradicción entre afirmaciones, se puede recurrir a la experiencia. Imagínate dos miembros de un equipo discutiendo si determinada práctica puede ayudar a optimizar el uso del tiempo en una actividad recurrente. La contradicción puede existir solo antes de la experimentación. En vez de quedarse en argumentos teóricos, lo más eficiente es ponerlo en acción, una vez probado, ya no hay contra-dicciones.
  • Relevante: Como seres humanos, estamos todo el tiempo haciendo afirmaciones, infinidad de ellas. Para comprobarlo, te invito a levantar la vista, mirar lenta-mente a tu izquierda y luego a tu derecha. Ahora mira al frente, detente unos segundos y mira hacia atrás. ¿Cuántas afirmaciones has encontrado para hacer en cuestión de segundos? Debido a esta condición natural de observador constante, nuestra mente selecciona de todas esas observaciones las que considera relevantes. Relevantes para mi o para ti, ya que relevante es una opinión, por lo tanto, lo que para mi signifique relevan-te, no necesariamente sea lo mismo que relevante para ti, por consecuencia, frente a las mismas situaciones seremos capaces de seleccionar diferentes cosas. Solo cuando podamos incorporar la noción de que la relevancia es una opinión de cada quien, podremos comunicarnos de forma efectiva.
  • Tiene sentido compartido: el sentido de una afirmación existe dentro del grupo cultural que previamente generó el consenso sobre su significado. Médicos, mecánicos, informáticos, diseñadores, todos tienen afirmaciones con sentido compartido: las que pertenecen a la sociedad más amplia; pero más allá de eso, cada sub-cultura tiene sus propias afirmaciones con sus sentidos propios. Un ejemplo personal que ilustra esto es la palabra “ahora”. Cuando estoy facilitando talleres, yo utilizo mucho la afirmación ahora, por ejemplo, “ahora los invito a ponerse de pie”, “ahora vamos a realizar un ejercicio”, “ahora vamos a hacer un receso”, etc. Algo curioso que me ha sucedido es que en Colombia, yo decía “ahora los invito a ponerse de pie” y todos se quedaban sentados, mirándome, cuando yo necesitaba que se pongan de pie, ahora, ya, en este instante. Entonces yo decía “¡vamos, vamos!” y me corrigieron: “si quieres que algo suceda en este preciso momento, debes decir ‘ahorita’, porque ‘ahora’, en Colombia, significa ‘dentro de un rato’”. Muchos problemas de comunicación aparecen cuando damos por supuesto que el otro le da el mismo sentido que yo a una afirmación.
  • Fomenta el aprendizaje: si yo observo ciertas cuestiones y tu observas otras (hacemos observaciones diferentes), tenemos frente a nuestros ojos una gran oportunidad de aprendizaje mutuo acerca de nuestra forma de ver el mundo. Profundizar en esas diferencias y en-tenderlas cada vez mejor, en vez de ignorarlas, nos va a permitir interactuar de formas mucho más productivas.

Por su lado, una opinión es efectiva cuando cumple con las siguientes características:

  • Válida: La validez de una opinión está directamente relacionada con la autoridad que tiene la persona que emite la opinión. Te lo muestro con un ejemplo: el agente de tránsito tiene la autoridad delegada (está autorizado) a emitir su opinión sobre las infracciones de tránsito, un sacerdote está autorizado a emitir su opinión frente a la confesión de un fiel, tu cliente, sea ex-terno o interno, está autorizado a evaluar los resultados de tu equipo. Cualquiera de ellos, cambiado de contexto, emitiría solo opiniones inválidas por no tener la autoridad para hacerlo, por ejemplo: no se espera del agente de tránsito que pueda confesar a un fiel de cierta religión, ni tampoco de tu cliente que puede opinar sobre infracciones de tránsito, tampoco se espera que un sacerdote evalúe los resultados de tu equipo de trabajo. Todas esas opiniones, si bien se pueden emitir, son in-válidas.
  • Fundada: toda opinión debe estar respaldada por datos observables que la fundamenten. Cuando Silvia dice que la aplicación entregada por el equipo de Mara es un desastre, debería tener observaciones concretas, observables, en base a las cuales emite su juicio de valor, por ejemplo, que la aplicación no da la opción de recuperar la contraseña, que el menú fue movido de lugar, que debe hacer más de 5 clics para llegar a un reporte. Si bien Mara puede no compartir el razonamiento por el cual Silvia llega a su opinión de desastre, no podrá negar los hechos concretos observables.
  • En base a algún estándar: siempre que emites una opinión sobre algo, lo que estás haciendo es aplicar un proceso lógico de comparación entre tus observaciones y ciertos estándares propios que tienes. Cuando dices hace frío, estás comparando la temperatura observable contra aquella temperatura a partir de la cual a ti te produce la sensación de frío. Siempre que la primera esté por debajo de la segunda, para ti, hará frío. Cabe destacar que no todas la personas tiene el mismo están-dar de comparación, por lo tanto mientras tu sientas frío, otras personas podrían no sentirlo. Cuando Silvia dice que esa aplicación es un desastre, a su vez, la está comparando contra sus propios estándares que representan una buena aplicación. Transparentar estos estándares pueden ayudar mucho a entender por qué se está emitiendo cierta opinión. Inclusive, puede ser re-velador para la persona que hace el juicio de valor. Muchas veces, hay opiniones automáticas, que emitimos sin pensar en los estándares contra los que comparamos los hechos. Al discutir estos estándares, podemos darnos cuenta que son inconsistentes con la opinión emitida.
  • Tendiente a la acción: las opiniones se emiten para algo: se apoyan en observaciones del pasado, para proyectar hacia el futuro posibilidades de acción. Por ejemplo, yo opino que cierta persona es poco colaborativa en base a su involucramiento y comportamiento durante un trabajo conjunto en el pasado, para decidir si quiero, o no, que sea parte del equipo en el que estoy trabajando, y en todo caso, saber a qué atenerme. Emitir una opinión sin que haya un curso de acción sugerido es emitir una opinión ineficiente.



Referencias

1. Kofman, F., Metamanagement, 2001, Tomo 2, p. 129


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