"No sabemos cómo las cosas son. Sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos. Vivimos en mundos interpretativos."
- Rafael Echeverría


Desde los comienzos de la civilización hemos interpretado a los seres humanos como observadores, que describen lo que está allí afuera. Nos enfrentamos al mundo con la creencia de que tenemos la capacidad de verlo tal cual es. Cada uno de nosotros habla sobre lo que ve, como si de su boca saliera la verdad. Si, todos los seres humanos somos observadores, pero como observadores, cada uno de nosotros vemos al mundo de una manera particular. Si yo tuviese la posibilidad de hablar contigo en este mismo momento, te aseguro que no tendríamos una coincidencia perfecta sobre la forma en la que percibimos el mundo que nos rodea. Comenzaríamos a discutir sobre las diferencias que vemos. ¿Y cómo lo solucionamos? Simple: tú estás equivocado y yo tengo la razón. Punto. Santo remedio.

Aunque te parezca insólito, ¿cuánta gente a tu alrededor está buscando tener razón?, ¿cuánta gente está buscando saber quién está equivocado? Imagínate por un segundo a un brasileño y un argentino hablando de fútbol, a un fan de Federer y un fan de Nadal conversando, a un socialista y un defensor del libre mercado intercambiando comentarios en Facebook, y así podemos seguir hasta mañana dando ejemplos.

Como diría un conocido cantante tropical argentino: "¿dónde esta la clave, cuál es el motivo, cómo es este asunto?". ¿Hay un único mundo objetivo y racional y no logramos ponernos de acuerdo? ó ¿hay tantos mundos como personas que observan? Si la respuesta fuese que hay un único mundo objetivo y racional, entonces sí, en cada discusión habría alguien que tiene la razón y alguien que está equivocado. Y así terminaríamos en una solución demasiado simple para un problema demasiado complejo: bien, mal; correcto, incorrecto; verdadero, falso. ¿Te suena haber pasado por esta experiencia?

Sorprendentemente, Maturana y Varela en su obra El Árbol del Conocimiento, plantean algo radicalmente distinto. Ellos sostienen que los seres humanos no tenemos acceso a la verdad sobre las cosas; todas nuestras percepciones son, en cierto grado, subjetivas. Ellos llaman a este fenómeno “la (realidad)” Los autores presentan un experimento que podemos regenerar fácilmente con dos círculos grises, uno de ellos rodeado de una zona de color rojizo. Cualquiera que vea esta representación, verá el círculo gris que está dentro de la zona rojiza, con una tonalidad verde-azulada, a diferencia del otro círculo, que simplemente es gris, aunque ambos sean, en realidad del mismo color: gris.


Ilustración 1: Ambos ojos son del mismo color, grises.

Ésta, como muchas otras, la catalogamos como ilusión ópticas. El inconveniente que se te presenta es que, al verlas como ilusiones, las pones fuera tuyo y te olvidas el papel que tú mismo, como observador, jugas en esa percepción distorsionada. No puedes separar tu percepción de tu experiencia. Cuando tú ves un círculo verde-azulado, no solo lo ves, también lo vives, lo experimentas, como si ese círculo fuese así. Para ti “es verde-azulado”.

Asimilar esta nueva forma de entender nuestro comportamiento me abre un mundo totalmente nuevo. Sin caer en el relativismo absoluto, con sólo respetar las formas de observar de otros, comienzo a permitir la convivencia de diferentes puntos de vista. Ya no hablo de verdades u objetividades, simplemente acepto y vivo en paz con quienes opinan y ven las cosas de manera diferente a cómo las veo yo.

Puedes encontrar este comportamiento en cualquier familia, pareja, equipo de trabajo, en cualquier organización, ciudad, sociedad, país. No todos vemos las mismas cosas, no todos tenemos la misma interpretación frente al mismo hecho.


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