Si eres lo suficientemente viejo como yo, compartirás este recuerdo de un periodo de mi infancia: todos los días a las 21hs entraba KITT a mi casa. Era la hora fijada para ver, sin excepciones, la serie de los 80s llamada Knight Rider (o El Auto Fantástico, como se lo conoció en mi país). KITT era esencialmente una supercomputadora sobre ruedas. El cerebro de KITT era el microprocesador Knight 2000, un módulo lógico cibernético consciente de sí mismo que le permitía a KITT pensar, aprender, comunicarse e interactuar con los seres humanos.

Esto de que los automóviles sean computadoras sobre ruedas ya no es nada nuevo. Hace unos días el Wall Street Journal publicó un artículo sobre el automóvil que Apple está diseñando, con fecha de lanzamiento en 2019.

También deberíamos reconocer a Tesla, cuyos automóviles no solo están conectados a internet, sino que reciben updates a su sistema operativo en forma remota.

Pero si hay algo que yo no recuerdo de KITT es que haya tenido agujeros de seguridad, o los hackers de los 80 no estaban tan preparados. Hoy en día, por ejemplo, te pueden hackear el auto y dejarte tirado en una autopista. Inclusive, sin ir tan lejos, la semana pasada llevé mi VW Tiguan al service anual y, por primera vez, me entregaron impreso el dump de eventos de los últimos 12 meses y el diagnóstico de la unidad que imprime su misma computadora de abordo. Por ejemplo, tuve que cambiar un relay que había fallado tres veces, hacía cuatro meses, y que nunca me había enterado. Esa experiencia me dejó muy contento con el servicio de VW.

Y ya que hablamos de autos inteligentes como KITT y de VW no podemos dejar de discutir el último escándalo de la industria automotriz: la evasión intencional de los controles que los automóviles diesel de VW hacían al detectar que estaban siendo inspeccionados. Resulta que la computadora de esos automóviles detectan la posición de la dirección, la velocidad del vehículo, la duración de la operación del motor y la presión barométrica para detectar que están formando parte de una prueba de emisión de gases y así reducir automáticamente la performance habitual del motor y tener una emisión compatible con la norma. Claro que terminada la prueba, terminada la trampa: la performance del motor volvía a ser la habitual y la emisión se multiplicaba por 2000.

Y la industria del software no es ajena a esto, ¿qué pasa con la ética? digo... esa rutina pro-contaminación fue desarrollada por alguien, no aparece ahí por arte de magia. Todo un equipo de trabajo debe estar al tanto de ello. Por momentos creo que debería existir algo así como la mala-praxis en desarrollo de software, por ahí soy un poco extremista, pero un profesional de informática que forma parte de una estafa global contra el medio ambiente, como mínimo debería responsabilizarse.

Y para cerrar la mañana del domingo, parece que después del escándalo, el CEO de Porsche se haría cargo de VW luego de que su CEO, Martin Winterkorn, renunciara a su puesto. Y me pregunto: si tu empresa es responsable de una estafa global de semejante magnitud, ¿tu castigo no debería ser NO renunciar?

"Ginny!", Dijo el Sr. Weasley, estupefacto. "¿No te he enseñado algo? ¿Qué es lo que siempre te he dicho? Nunca confíes en aquello que puede pensar por sí mismo si no puedes ver dónde tiene su cerebro." - J.K. Rowling, Harry Potter and the Chamber of Secrets

Un abrazo y hasta la próxima!
Martín.


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