29-Nov-2013 | Tiempo de lectura aproximado: 5 mins. 27 secs.

Modelos Mentales

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Coaching Más Productivos

Habiendo ya visto que cada quien de nosotros es un observador particular del mundo que lo rodea, te propongo que pasemos al próximo nivel: los modelos mentales.

Peter Senge1 define los modelos mentales con las siguientes palabras:

“Los modelos mentales son imágenes internas, que están profundamente arraigadas, de cómo funciona el mundo, imágenes que nos limitan a las formas familiares de pensar y actuar. Muy a menudo, no somos conscientes de nuestros modelos mentales o los efectos que tienen sobre nuestra conducta”

Verás que ya no solamente estamos hablando acerca de cómo vemos el mundo, sino también acerca de cómo actuamos en el mundo.

Por ejemplo, en Kleer tenemos una política de números abiertos, esto quiere decir que todos los que trabajan en Kleer tienen acceso a las finanzas: facturación, gastos, liquidez, proyección, ganancias, sueldos, etc. Este hecho de números abiertos, al comienzo, para el contador era una locura, para el abogado era arriesgado, para algunos socios era desafiante, para otros era normal, para alguien que venía de otro trabajo era raro, para alguien que comenzaba siendo su primer trabajo era atractivo. Fíjate que el hecho es el mismo para todos, lo que condiciona la experiencia que cada uno tiene frente a este es, justamente, el modelo mental de cada quien.

Estos modelos mentales se conforman y se ven influenciados desde diferentes frentes:

  • Biología: el contacto que el modelo mental tiene con el mundo que lo rodea es el sistema nervioso. Como seres humanos, no podríamos percibir un mundo externo a nosotros si no fuese por nuestros sentidos y nuestro sistema nervioso. Maturana y Varela2 plantean que el sistema nervioso, a diferencia de la creencia tradicional, es un sistema cerrado: los eventos que acontecen fuera de nosotros sirven de catalizador para procesos internos que les dan sentido. En definitiva, la experimentación del mundo sucede dentro nuestro, no hay algo así como una experiencia allí afuera que solo esté esperando ser vivida. La experiencia que los gatos tienen por las noches no es la misma experiencia que nosotros como seres humanos tenemos, principalmente porque nuestra biología no nos permite experimentar la oscuridad de la misma manera que la de ellos. El ambiente, los objetos, las distancias, la cantidad de luz, los olores, los ruidos, son exactamente los mismos, pero la realidad experimentada por el gato y la experimentada por ti son radicalmente diferentes.

  • Lenguaje: tan pronto la información atraviesa los sentidos, se topa con nuestro lenguaje. El lenguaje que usamos constituye el universo de conceptos lógicos con el que cada uno de nosotros cuenta para catalogar todo aquello que lo rodea: la inteligencia. Investigaciones de no muy larga data dan cuenta que los seres humanos somos capaces de observar y experimentar solo aquellas cosas que existen en nuestro lenguaje. Por ejemplo, yo soy capaz de identificar un error en la codificación de un programa de computación o de una aplicación web, mientras que, viendo exactamente lo mismo, Daniela, mi mujer, observa una consecución de signos raros, inentendibles. Y por el contrario, Daniela es capaz de distinguir contradicciones en un acuerdo o tratado internacional entre estados, y yo solo veo un texto complicado. Ambos, si bien compartimos un lenguaje de alto nivel como el castellano –más bien argentino-, nos manejamos con diferentes lenguajes específicos, que nos permiten observar diferentes cosas al estar mirando lo mismo.

  • Cultura: aquello que fuimos capaces de observar por medio de nuestra biología y nuestro lenguaje, ahora se encuentra con el filtro cultural que tenemos. Schneider3 define la cultura como “la forma en la que hacemos las cosas aquí para ser exitosos”. La cultura es el modelo mental colectivo de un grupo de personas que se modeló a partir de experiencias de aprendizajes colectivas. Puede ser de una familia, de un grupo de amigos, de un equipo de trabajo, del departamento de Marketing, de una organización entera, de un país, etc. Frases como “Aquí no levantamos la voz”, “Aquí buscamos que todos participen”, “Aquí el cliente siempre tiene razón”, “Aquí se respetan la jerarquía”, “Aquí nos importan las personas”, etc., revelan las premisas culturales. Estas culturas, muchas veces son referenciadas como el sentido común o prácticas sociales (pienso escribir al respecto en un futuro post), que se tornan transparentes a nuestros ojos: no sabemos que las tenemos y suponemos que todos comparten las mismas premisas.

  • Historia personal: mi familia nuclear, las maestras de mi kínder, mis compañeros de colegio, la universidad, mis vecinos del barrio en el que crecí, mis amigos con los que salía de copas, etc., van dejando huellas en mi memoria. Esas huellas son el cuarto modelador de mi modelo mental. A partir de las experiencias de mi pasado voy forjando mis juicios maestros. Los juicios maestros son, según Echeverría y Olalla4, “calcos del alma de una persona”. Estos juicios se anclan en lo más profundo de mi consciencia y son los que determinan y condicionan la manera en la que actúo. “Esto no lo puedo permitir, me va a escuchar!”, “si la vida te castiga, ponle la otra mejilla”, “yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar”, “el del automóvil de atrás me está haciendo luces a mi! ¿Quién se cree que es?”, etc. Todas estas frases dejan entrever el modelo mental de cada una de las personas que las emiten.

En resumen, tu biología, lenguaje, cultura e historia personal dan forma a tu modelo mental, y desde ese lugar es que creas y vives “tu” propia realidad.

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Tu biología, lenguaje, cultura e historia personal forma el modelo mental desde donde vives tu realidad
 
   



Referencias

1. P. Senge, The Fifth Discipline: The Art and Practice of the Learning Organization, Doubleday Currency, 1990, p. 8.
2. H. Maturana & F. Varela, El Árbol del Conocimiento, Lumen, 1984
3. W. Schneider, The The Reengineering Alternative, McGraw-Hill, 2000
4. R. Echeverría, J. Olalla, El arte del coaching ontológico, San Francisco, 1992, p. 16


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